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Reseña: Un zumbido en el costado del ojo. Javier Fuentes Lozano


07 de marzo 2026

26 de abril 2026


Con la herencia cultural del modernismo convulso, tecnológico y racionalista aún circulando por nuestras venas, el proyecto de Javier Fuentes Lozano se presenta como un refugio personal frente a las ataduras que la mirada, el lenguaje y la evidente sobrecarga de imágenes atraviesan a la pintura y al sujeto que porta esa subjetividad. A través de pinturas acrílicas, monotipos y obras en pastel, este proyecto se nutre de dos recursos: la práctica del andar (precisamente del senderismo y la escalada), en la mancha verde que se encuentra al sur de la ciudad, como de la memoria de esa misma vivencia. En este cruce, el artista ha generado una oportunidad para repensar las cargas culturales, sociales y epistemológicas del género del paisaje.



Al entrar a la sala de exposición, llega por completo una oleada de color: vistas aéreas de cerros, montañas y cascadas se desdoblan a partir de una paleta discontinua, en una pincelada rápida y despreocupada que el propio artista enlaza con ciertos roces que tiene con el arte naif. En cuanto a contenido, también se le puede asociar al fauve. Cada obra individual es un registro y una condensación de las capas de imágenes y sensaciones que Lozano reúne para su resultado.


Este énfasis hacia la ontología del color no está inscrita bajo una lógica propiamente greenbergiana, tampoco apela a una artificialidad en donde se aspire a copiar una imagen a través de una fotografía del paisaje o a pintar siguiendo apuntes. Aquí es todo lo contrario. Los valores formales de la pintura moderna como la “plasticidad” no son violentados o anulados (como sucedería en ciertas lógicas posmodernas). El sujeto no interviene a la materia de forma directa, es la memoria la que se reifica en ella, realizando una suerte de regresión temporal.


Uno de los signos de nuestro tiempo es el aislamiento del sujeto, el secuestro de la subjetividad por medio del uso de pantallas y la crisis ecológica, todas inducidas por el capitalismo tardío. Frente a esto, la deambulación —así como la figura del flaneur parisino en el espacio urbano—, aparece como una práctica en donde se fusiona la inmersión onírica con el ambiente en el que se está transitando, anteponiendo las sensaciones, los olores y los sonidos que la memoria actualiza a cada instante.


La naturaleza es domesticada en el jardín y apropiada en el paisaje. Para Francesco Careri, el ser humano ha marcado y significado simbólicamente el mundo por medio del recorrido. En el romanticismo, este género pictórico fue uno de los medios para transportar ideologías políticas e ideales modernistas. Un zumbido en el costado del ojo hace referencia al acto instintivo, intuitivo y sensible del cual no responde en primera instancia a la racionalización de la imagen o la experiencia, como si de una copia técnica a la imagen se tratase, es por ello que el color adquiere una carga vitalista, más no representativa. La pintura converge con nosotros más no se coloca como un mero registro.


Esta exposición estará abierta del 7 marzo al 26 de abril de 2026 en la galería Mar de Lava.



Mariana Solorzano

 
 
 

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